1/3/26

Texto de María Soledad Gutierrez Eguía

 

          

SI EL PÁJARO 


Dónde hallar aquella puerta que abra y cierre el silencio sin el reclamo de la palabra que lo rompe, en la mudez que estremece al que lo oye.

Alguien venía por mí.

“Se acercan rápido” dicen mis hombros y me empujan al camino.

Un pájaro hambriento, con los “límites del hambre”, devorado, se fija en el crepúsculo, ensaya mi huida. Me huye, se aquieta. Asciende donde otros pueden ser, donde cerca la puerta. Penetra apenas. Se repite dueño del viento. Se acurruca en su puño. Cruza aún la hora del silencio. Retorna, se repite.

¿Dónde hallar el intersticio, el umbral?

No al reclamo, no a la mudes. Solo el silencio.

Quisiera decir lo indecible.

Pájaro en vuelo. Me huye con un pétalo azul en el pico. Se llevó mis pestañas el día que pedí silencio; se llevó mi nombre oculto en la niebla. Se llevó la ventana y los árboles. Estallaron los goznes.

Se llevó la palabra no dicha, se llevó la noche en que me esperé.

Retengo un sonido en la herida; retengo el germen donde hiberno.

Solo quería hallar la puerta; solo el jardín de lilas donde descansar mis hombros.

Si la memoria del agua. Si el canto sibilino cesara en el último silencio.

Si no ensayaran mi muerte.

Si el pájaro.

 

© María Soledad Gutierrez Eguía

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