Poema de Carlos J. Aldazábal
Epitafio
¿Cómo resucita el carnaval después de la cuaresma?
¿Cómo se sostiene el alma en equilibrio?
¿Cómo se sacude los embates del miedo?
Contrapunto al tango:
miren el cartel que señala la ruta,
el camino al embrión, a lo oscuro, lo frío,
a la misma
placenta.
Otra vez a remar, ya sin corriente,
sin ningún empujón hacia la orilla,
puras manos perversas empujando hacia abajo.
¿Cuándo resucita el carnaval?
Fuimos felices en la casa del sueño,
todos reunidos nos pensamos posibles
y las horas pasaban tranquilas, complacientes.
Fuimos valientes en el sol de la siesta,
bajo un resplandor sutil, esperanzado,
que no tardó en opacarse.
Entonces fue la noche,
la certeza de un dios impiadoso
cumpliendo su venganza:
las sombras se agigantaron;
por el cielo, un jinete del apocalipsis
ataba un cadáver a su carro triunfal.
Todos lloramos, abrazados y frágiles,
en nuestro velatorio,
y al llegar al entierro ya no sentimos nada.
Así escribimos nuestro epitafio:
estamos esperando
el momento del átomo,
la revancha final,
el gran desquite.
© Carlos J. Aldazábal
Etiquetas: Carlos J. Aldazábal


1 comentarios:
Excelente tu poema Carlos.
Impecable!
Las preguntas se disparan centelleantes hasta la sentencia del límite: "estamos esperando el momento del átomo, la revancha final, el gran desquite".
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