7/1/26

Poema de Silvia Rodríguez Ares

 

Dos anémonas

 

La luz y el viento

con las manos enguantadas

han dejado unas ramitas

en la punta de mis pies.

Me levanto y la mitad del cielo

resplandece.

Amar el sol es un resabio

de mi piel salvaje.

En otros tiempos me vestí de liebre

y cayeron sobre mí las garras

de unos zorros polares,

tan bellos.

Qué placer

sentí cuando me devoraban,

mi carne pequeña exaltada,

la sangre

convertida en néctar.

Y luego me despierto con los brazos emplumados,

rebosan las flores,

la hierba

crece hasta mi altura.

Tendría que subir a un árbol,

descubrir si este linaje verde

me reclama

o si viento y luz

me engañan por igual.

Algunas plegarias insisten

en decir mi nombre,

sonrío con la boca abierta

ungida en los misterios del bosque.

Dos anémonas

me llaman por tercera vez.

Las huelo, las miro.

No las escucho,

ya no puedo.

 

© Silvia Rodríguez Ares

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