Poema de Silvia Rodríguez Ares
Dos anémonas
La luz y el viento
con las manos enguantadas
han dejado unas ramitas
en la punta de mis pies.
Me levanto y la mitad del cielo
resplandece.
Amar el sol es un resabio
de mi piel salvaje.
En otros tiempos me vestí de liebre
y cayeron sobre mí las garras
de unos zorros polares,
tan bellos.
Qué placer
sentí cuando me devoraban,
mi carne pequeña exaltada,
la sangre
convertida en néctar.
Y luego me despierto con los brazos emplumados,
rebosan las flores,
la hierba
crece hasta mi altura.
Tendría que subir a un árbol,
descubrir si este linaje verde
me reclama
o si viento y luz
me engañan por igual.
Algunas plegarias insisten
en decir mi nombre,
sonrío con la boca abierta
ungida en los misterios del bosque.
Dos anémonas
me llaman por tercera vez.
Las huelo, las miro.
No las escucho,
ya no puedo.
© Silvia Rodríguez Ares
Etiquetas: Silvia Rodríguez Ares


0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio