30/7/22

Poema de María Ángeles Pérez López

 


 

En el exacto centro de su centro

la mujer pinta el vértigo y se asoma.

Como los gatos negros de la noche,

camina alrededor, mide el vacío,

se asoma a su avispero, su intervalo

de dolor a dolor, su abismamiento

y acerca los dos pies, la coyuntura

en que el barranco traga las palabras,

piedritas ya vencidas por su lastre.

Con su rencor purísimo y amargo

que es la fermentación de la mentira,

la mujer vuelca ácido carbónico

en su esternón, el hueso decidido

cuya forma es la grieta, la fractura

en la concentración de la materia.

Vierte también vinagre y disolventes

sobre su corazón como una zanja

y en el abismo pinta un nuevo abismo,

un agujero negro en que la luz

nunca puede salir, queda exigida

a su larga derrota, su fortuna

de los días fatídicos, sus trece.

Asomada a su pozo, ya invisible,

se entrega a la pasión, la noche opaca,

el vértigo pintado sobre el hueso

de quien subida al piso veintiocho

en su azotea y su angustia vertical,

se tizna con carbón, tiñe su piel

de negro sobre negro y ensombrece

desaires, precipicios y basaltos.

Tan solo brilla el miedo, el corazón.

© María Ángeles Pérez López

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