14/5/17

Poema de Angélica Antúnez Salerno


Ha dejado de llover y es verano 
El aire húmedo le enfría la piel 
Mientras el cielo se desviste, su pie se hunde 
en el charco que ha quedado 
entre los ladrillos del patio. 

El agua corre y los niños juegan con el barro. 
Ella mira el cerco con campanillas azules 
y el níspero brilla con sus pequeños soles. 

Dentro de la casa sentada en su silla 
la abuela prepara el mate y quema cáscara de naranja 
en el brasero de tres patas. 

Cierra los ojos, los abre hacia el sur 
ve la línea del río que va de cielo a cielo 
después las lomas el aromo 
y piensa que todo es para ella. 

A vela desplegada navega el alma 
cuando la infantil necesidad de cosas simples 
busca apearse de la peste. 



© Angélica Antúnez Salerno

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