28/11/16

Texto de Norma Starke

  
ELLA SE PEINA

Como un gato lamiendo su pelaje, ella con una mano acaricia parte de su melena .  Con la  otra sostiene un peine irregular y desparejo. Lo arrastra desde el comienzo de la frente hasta  el final de los cabellos crecidos a fuerza de nunca cortarlos. Acomoda el espejo esquivando las manchas de humedad, ordena la mata haciendo una raya donde equidisten ambas franjas del pelo.
El le ha preguntado algo y ella apenas si hace un gesto subiendo ambos hombros al mismo tiempo.
Frente al espejo, mira sin mirar. Ubica sobre cada hombro una cantidad de pelo exactamente igual a la otra, alisa los  rulos como alisaría sus pensamientos, sus recuerdos, estirándolos hasta hacerlos desaparecer.
Recostado contra el marco de la puerta, él la observa esperando una respuesta. Mira hacia el patio de baldosas, un poco más allá, los macetones pintados de rojo y blanco piden otra pintura, los  malvones  florecen a tientas entre el polvo y los yuyos.  Sólo escucha el chasquido del peine de madera y formas extrañas, sacudiéndose en el aire. Entre los dientes del peine de formas desparejas la mata enredada de pelo azulino atrapa toda la atención de ella. Al trasluz la mata enredada entre los dientes del peine de formas desparejas empareja todo de gris.
La voz ronca y apagada por un mínimo instante.
-ahora no-
Es una respuesta, quizá la extensión de los recuerdos enredados entre los dientes del peine.
Él acomoda los pantalones de un dudoso azul descolorido, ajusta el cinturón más abajo del vientre y se dice a sí mismo en silencio:
-Tampoco mañana -
Todos los días luego de levantarse, luego de enjuagar su cara una y otra vez con agua fría. Todos los días repite ante el espejo el mismo ritual. Estira los pensamientos, los recuerdos frente al espejo con un peine llamado tiempo, estira el cabello negro, lo ata en dos franjas iguales y simétricas, luego separa cada parte en tres cruzando, entrecruzando hasta lograr primero una y luego otra trenza. Cada día toma una de las cintas y las ata entre su pelo. Al final del día, desatará y desanudará lo que la paciencia y el hábito lograron temprano. Luego más tarde, antes de acostarse lo atará en una sola cola larga.
Ella se peina. Frente al espejo, mira sin mirar.


© Norma Starke

1 comentarios:

Blogger Elisabet Cincotta ha dicho...

Muy buen texto. La rutina, es trajín que la destaca.
Abrazo
Elisabet

29 de noviembre de 2016, 10:58  

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