10/7/16

Poema de Cristina Ramb


su cerrada noche
su final del camino.
Ella, la hija de hiena, la carroñera.
Entonces, me desespera una palabra
corro a las letras, me cubro la cara.
Muerdo el sentido de algo que ha sido perdido.
Ella se retira unos pasos
su rígida sonrisa espera inalterable.
Me arde la urgencia de saberme tibia.
Entonces los versos
entonces el canto.
Se aleja un poco más
saca de su bolsillo un papel arrugado
señala un nombre
en su lista de triunfos también están los poetas.
Sólo es cuestión de tiempo
de un juego de días
al gato y al ratón.
Yo digo, que la poesía me salva.


© Cristina Ramb
Imagen enviada por la autora del poema

7 comentarios:

Blogger Leonor Mauvecin ha dicho...

Profundo y conmovedor . Me gustó tu poema Un abrazo

11 de julio de 2016, 17:16  
Anonymous cristina briante ha dicho...

¡qué bueno!, seguirás a salvo sin duda.
Cristina Briante

12 de julio de 2016, 20:35  
Blogger Leonor Mauvecin ha dicho...

Duro este poema que nos mira con ojos carroñeros , duro y real en este mundo de amores y odios. Siempre la poesía nos salva Besos

19 de julio de 2016, 14:55  
Anonymous Anónimo ha dicho...

poruqé esos ojos carroñeros, de lobo feroz? porque esa aceptada desazón? bien interesante es te poema
Bueno muy bueno
W.M.

23 de julio de 2016, 19:47  
Blogger graciela noemí barbero ha dicho...

La poesía es la mejor medicina. Muy bueno
Un abrazo Graciela Barbero

25 de julio de 2016, 17:03  
Blogger Jorge Luis Carranza ha dicho...

Entrar y estar, poeta, en una batalla perdida de antemano. Hay que saberlo, hay que sentirlo y no mirar para otro lado y seguir. Esa intemperie está muy bien dicha en su poema.

31 de julio de 2016, 15:47  
Blogger sacanueces ha dicho...

hermoso poema que lidia con los miedos silenciosos, de eso que sabemos sobre los demás, pero no sobre nosotros mismos, y nos angustia. gracias por compartirlo, francisco

3 de agosto de 2016, 22:38  

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