23/2/16

Poema de Francisco X. Fernández Naval


  LÁZARO

                                 A José Ángel Valente
                                                                             

                El aire, ingrávido, parece suspender esta luz del crepúsculo. Más allá del horizonte el río es un hondo paréntesis de montañas oscuras, de palabras. Entre las cruces, una mujer ilumina relicarios y flores. Un mirlo canta entre los cipreses, ¿o era un ruiseñor? Algún pájaro canta en el intemporal descenso de la tarde. Sin epitafio el granito parece un vacío nunca antes descrito, un centro, la poderosa expresión de la ausencia. Mientras pueda decir, no moriré, murmura el agua de la fuente donde la mujer acude para empapar las flores, mientras puedas decir, ahora que ruiseñor y tú ya sois lo mismo.


© Francisco X. Fernández Naval

2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Bellísima prosa. Tiene de poesía, tiene de cuento con su cambio de persona al final.Saludos ISABEL lLORCA BOSCOBellísima prosa. Tiene de poesía, tiene de cuento con su cambio de persona al final.Saludos ISABEL lLORCA BOSCO

25 de febrero de 2016, 19:54  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Hondo. Conmovedor. "era una jardin sonriente y era una traquila fuente de cristal..." -hasta ahí e levaste, Chisco. Abrazo Paolantonio

28 de febrero de 2016, 16:25  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal