24/11/15

Poema de Susana Szwarc


Dedicatoria o el secreto

Tal vez el dedicado
descifre adentro/afuera
el tiempo espacio
no vacío /su lugar.

El rabino-maestro, dice cuarenta años
apenas pasaron 
se escuchan los gritos.
Respira, se le acomoda el sombrero
trato de entender: ¿Cuarenta años,
los del desierto? ¿Cuarenta, el comienzo
de la guerra? ¿Cuarenta, qué?

Una densidad crítica, oscilante, pegajosa.

-Los gritos, ¿de quién?-reclamo.
El rabino aclara como un mantra:
losgritosdecadatorturado

(No respiró, dijo las letras con una sola voz, los ojos vidriosos.)
Sobre el vidrio del recuerdo él vuelve hacia esa amiga-vecina
su hermanito empujado hacia la calle hasta dónde…
no se ve más.
Vuelve al recuerdo: las manos de los padres, de la hermana estirando
estirándose sus siete años. Trece, veinte, treinta, cuarenta años
cuando escuchamos los gritos que no dejan de
escucharse por toda la escuela.
Como un resbalón  pasó el tiempo y suenan el timbre los gritos
de alegría irradian sobre el ojo vidrioso, el otro ojo se derritió.
Una fuerza no separable del poder de ser afectado.
-Aprovechan: los chicos creen que no estoy y hacen la alegría
 de timbres, sonidos traviesos.
Sacude el libro la cabeza, camina el patio y ríen: los ojos nuevos.

Nos fuimos. Nos vamos a lugares distintos.

Camino, la cabeza baja como para no tropezar huesitos, despacio.
Se me pone la piel de gallina.  Si patino sobre un hielo filoso
me salva la velocidad.  Si abro los oídos no me salvo, o me salvo.
Se escuchan los gritos, nítidos, ira dolor palabra muda. No hablar
no hablar no hablar. Empieza a sangrar la nariz,
roja la gota salpica la mirada, los pies.

 Un tubo en la nariz.
-¿Quién
sangra?-, te digo.
La nariz es un tubo rasgando el olor viejo, agrio olor
de la meada
me hago al caminar
(llegaste como un hada, decís)
qué sed adentro/afuera
¿Quién no ve quién no escucha no palpa no huele no roza no imagina no sabe?

El rabino no dijo Auschwitz. ¿La mayor de todas las imperfecciones es el no existir?
Y es otro el chiste, el grito
resuena en curvatura, zigzagueante.
  
El grito es un cuerpo que levanto con la mano.
No pises los huesitos.
(Tu nariz)


© Susana Szwarc

2 comentarios:

Blogger Inés Legarreta ha dicho...

Impresionante poema que abarca Auschwitz y la Esna, el horror del horror en una clase de primaria, en el grito de os que se llevaron, en las suciedades físicas y del alma, en lo que queda. Abrazo, Inés

25 de noviembre de 2015, 5:50  
Anonymous Anónimo ha dicho...

mortal. un poema que desnuca. ana guillot

28 de noviembre de 2015, 18:10  

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