26/11/15

Poema de María Ángeles Pérez López


Hay días en que la luz querría borrar
el signo de la sangre cotidiana
un viernes cualquiera de ceniza
en que un barrendero recoge una paloma
que está muerta en la calle,
caída sobre sí.
No le tiembla la mano
al empujar el cuerpo y su perfume
con preciso
inquebrantable movimiento de muñeca,
y yo miro temblando el gesto elemental
de arrastrar, de alejar lo carnal si no lo es,
si perdió la preciosa trabazón con el pálpito,
su atadura solemne con la vida.
Mientras cae a su muerte yo miro esa paloma
alejada de sí, oscurecida
por el tiempo en que deja el hueco de la especie,
aterida en el suelo de cemento,
su corazón profundo, tan tempestuosa-
mente animal como el mío, tan innoble.

El día trae la marca de su herida.


© María Ángeles Pérez López

3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

impecable.buenísimo! susana zazzetti.

26 de noviembre de 2015, 21:38  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Quién, ese ser superior, "barrendero prolijo y regenerador" barrerá nuestros despojos... Quién ocupará los huecos que nosotros mismos, ateridos animales innobles, iremos dejando en otros suelos. Nuestro día dejará marca, en el mejor de los casos... Gracias por tu poema María Ángeles. Isabel Krisch

29 de noviembre de 2015, 18:46  
Anonymous Anónimo ha dicho...

hondo....y exacto..caído sobre sí...


maria del mar

30 de noviembre de 2015, 15:04  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal