2/2/13

Poema de Francisco José Malvárez


BITÁCORA DE LA ESPERA XIII(en medio)

                                                                     a: mi hija
 

   allá en el campo santo donde sólo están los amigos, sus memorias
donde sus huesos son el aroma de la vida
esos vicios que como droga nos dan sentido y alegría
porque los tuvimos, porque nos enseñaron, porque nos amaron y los amamos
y nos dejaron latiendo en el alma el eco de sus voces
infinitamente incorporadas como a ellos
incorporadas al tuétano, a nuestras entrañas, al surco de las manos
a la piel del alma, al tintinear de las retinas
las mismas que cimbran cuando con algo de melancolía a la caída del sol
en la hora del ángel, a la tarde le clavamos la mirada
y nos perdemos en el infinito como en un mar cálido de ternura
y se nos dispara una tenue sonrisa porque sabemos que estamos con ellos
ahí en un profundo silencio de amigos

   allá en el campo santo, te decía, el de árgus, gala, milki, gateado
y de tantos otros tantos nombres que de escribirlos se me secaría la pluma
y el papel no alcanzaría, pero que en ellos cuatro están todos nombrados
también rubén, amilcar, y a mi cuando me toque 

   allá, allá… ahí mismo…
ahora también está falucho con un pedazo enorme del almita de mi cachorra
falucho se fue con ellos y entró definitivamente en aquella finísima sustancia:
el aroma de la vida, la de los huesos y la tierra… la que nos droga y da sentido
sin dudar les digo: que a la hora del ángel, en la oración, vendrá con sus amigos
a sentarse junto a nosotros a clavar la mirada en ese profundo silencio
el silencio de amigos…
también entre las tenues sonrisas una lágrima nuestra, que se nos escapa
le empapará la cara… él se sacudirá y ha de ir corriendo a buscar una piedra
para dejársela a los pies de ella, de ana digo, moviendo su cola como un abanico con frenesí… con exagerado frenesí, diciéndole: que está bien, muy bien
que es feliz, feliz de estar con árgus, milki y gala…
más feliz aún, por todo lo vivido junto a ella, agradecido por todo lo que hizo
por el enorme e intenso amor recibido…
y que recuerde que el amor trascendental no lo limita la carne
entonces ana, mi anita, le besará su boca como siempre lo besaba
y su sonrisa, de tenue y lágrimas, pasará a ser exagerada, muy exagerada
el brillo volverá a sus ojitos
ahí, juntos, tomados de la mano
nos embriagaremos alegremente de ocaso, ternura y amigos
en el campo santo, en el campo santo… 

 

© Francisco José Malvárez

3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Todo cuánto se diga sobre este tema es una cruda realidad , allí en ese olor a huesos y a tierra está la razón de nuestra existencia,buenísimo

maria elena tolosa

9 de febrero de 2013, 20:28  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Mirar cara acara a la muerte y embriagarse de ocaso. Ése es patrimonio exclusivo del poeta, Francisco.
¡Me encantó!
Felicitaciones y un beso grande
María Rosa León

9 de febrero de 2013, 23:19  
Blogger Adriana ha dicho...

Tu texto es muy conmovedor, refleja el íntimo desgarro por la pérdida de vidas humanas y animales, con la esperanza de que en algún lugar nuestras mascotas estén felices y recuerden con alegría el amor que recibieron. Un abrazo. Adriana Maggio

20 de febrero de 2013, 9:43  

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