14/3/26

Poema de María Julia Magistratti

 

El eclipse

 

Con un carbón te pintaste la cara

y tomaste el camino al espejo.

Alguien gritó “vengan a ver el eclipse”

y te quedaste alzada en tus propios brazos. Inmensa de tan triste.

Primitiva de la naturaleza.

 

Una madre apuró un pañuelo por si alguien decidía llorar.

 

-Lo que le sucede al planeta, nos sucede.

Lo has sentido cuando remontaste un barrilete

o bebiste con sed de un canal en el Perú-

 

Ya puedes volver a todos los espejos,

dejar piedras en los caminos

para que algo tocado por tu mano se incorpore al mundo,

 

o criar a tu conejo de la suerte

afinar los pastos

encontrar tu trébol.

 

Siempre llega el eclipse cuando están las madres cerca. Y su secuela

en la costura recién abandonada, seguirá en los años, comiéndote los ojos.

 

El agua que chifla sola hirviendo en la cocina;

el gusano del durazno sumergido en su placenta;

el huevo que siempre cae cuando hay un eclipse.

 

Mi madre es la que gritó, con la blusa a medio prender, y el cuello

extendido al cielo.

Alguien había dejado un libro sin señalar, otro la taza por la mitad

y una sábana mojada.

Y yo no caía en cuenta.

 

A la hora del eclipse, mi madre

era una niña olvidadiza, tremenda de sol,

que yo taparía con tierra.

 

© María Julia Magistratti

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