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14/6/20

Raquel Jaduszliwer recuerda a Rubén Reches



MORIBUNDO...

Moribundo: antes que vengan a coser tus párpados,
antes que el falso nudo se deshaga en el pañuelo
y que las ondas desaparezcan del agua,
querés repetirte con fuerza -como quien memoriza-
el nombre del lugar en donde estuviste y del que te vas.

Pero ya no lográs saber qué fue esa zona
que vos creías tan imperial y populosa
como el país de nada del que, aún viajando, siempre sos ciudadano.

Ahora que vienen a coser tus párpados
podés correr a gusto por toda la tierra de tu memoria,
pero no te basta eso para determinar qué fue esa luz que te parecía sola e infinita,
qué esas estrellas, ese humo, esas dos manos tuyas,
qué ese acordeón y esa madre.

Ahora te parece posible encerrar a toda aquella variedad en un frasco;
Ahora te parece que podrías ver todos los mares, todos los árboles y las fiestas
con solo mirar una vez a través de un orificio del diámetro de un clavo
practicado en tu tumba.

Pero igual querés gritar de una vez el nombre de la gota de la que empezás a caer,
por un desafío parecido al que hincha las venas
del hombre de nuez y de brazos desnudos,
de pie en ese arrabal de esferas,
que vocifera y vence a los otros con palabras,
pero no podés, no podés, moribundo.

Incluso ahora que estés muerto, cuando vuelvas
a tu larga costumbre de no ser nada,
en el instante luego del último punto dado a tus párpados,
recordarás, sí, cada uno de tus milenios idos
y tendrás la exacta clarividencia de todo tu inagotable porvenir,
pero este episodio ínfimo de luz aun del pasado se borrará.

Y no vas a gritar el nombre de la pintada selva
que -última lágrima o fruta inmensas- todavía pende de tus párpados,
ni te erguirás para el rasguño inesperado al cielo,
en tanto que lo que no sabés nombrar se arranca pausadamente de vos,
desprende de toda tu piel un ala,
y ya no temés que la mariposa esté naciendo,
ya ni la querés nombrar,
ya no sabés, no sabés qué dejás, qué se te va, moribundo.

© Rubén Reches (1949-2018)






Los guardianes del bosque son los árboles
regimiento envarado día y noche y en pie

de todo lo extendido bajo el largo follaje
qué es lo que será un día madera de naufragio
resto diurno
substancia existencial, historia humana
materia destinada a la catástrofe y a la desolación

me han dicho hace muy poco
que la madera salvada del naufragio
vibra de manera más viva

y yo no lo sabía

virtuoso ese violín que extrajo melodía
de su mito fundante en el abismo.

© Raquel Jaduszliwer

4 comentarios:

  1. De Rubén Reches:
    Fuerte visión de un momento definitivo.
    Hermoso su poema, alusión, al delicado y fino sonido de la madera convertida en violín.

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  2. Fuerte poema el de Rubén.
    Tu poema es el renacer con fuerzas nuevas, muy bello.

    Abrazos
    Elisabet

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  3. El queridísimo Rubén. Abrazo grande, Raquel, y muchas gracias por traerlo. Leo el poema y lo escucho en su voz...Inés Legarreta.

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  4. Raquel: no sé si salió bien mi anterior comentario de manera que reitero mi agradecimiento por haber traído al querido e inmenso poeta que fue Rubén. Y lo tuyo, siempre bello. Gracias y abrazo, Inés Legarreta.

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