11/9/26

Poema de Patricio Emilio Torne

  


UNA VISITA A LA CASA DE MI INFANCIA


Mis amigos me empujan mi amor también empuja.

Después de forzar la puerta que estaba atada con alambres,

entramos a ese lugar donde aún hay brasas de un fuego

que alguna vez dejé encendido. La cocina

es mucho más pequeña que el tamaño adquirido con el tiempo

y cada tanto regresa con los sueños.

Huele a aceite rancio a humedad, sin embargo

no me molesta, me es familiar, siento que es el olor natural

de las cosas que fui dejando. Al fondo en el lugar del fogón

hay una chapa caída que sosiega la entrada de luz

en la tronera derribada donde Ña Felisa cocinaba al rescoldo

las batatas los choclos tiernos antes que viniese

la cocina volcán para aliviar el ajetreo.

En la estantería de obra hay botellas tarros viejos polvo

de un lugar que se va cayendo. Estas son las paredes

en las que hubiese escrito los primeros insultos,

las malas palabras que contenía ante la severidad paterna,

y ahora, como en un palimpsesto, sobre su encalado

aparecen signos de una belleza que fue imposible retener.

La mesa estaba en el centro de la habitación y allí

cabíamos todos. No recuerdo que comiésemos incómodos,

debe ser porque mis hermanos más grandes

ya habían partido y tendrían su propia cocina.

La ventanita que da a lo de doña Corina sigue

con sus vidrios intactos y aunque hay telas de arañas,

polvo, pueden verse los rastros en el marco

de su pintura verde inglés.

Cuando había tormenta me gustaba mirar los relámpagos

a través de ella hasta que mamá nos corría del lugar

alarmada por un peligro que nunca pude advertir.

Ahora en la tarde diáfana se ven las construcciones

de un terreno parcelado y los únicos rayos existentes

son esta emoción que más que iluminar perturba.

Se viaja en el tiempo y hay turbulencias

que se vuelven peligrosas, el vacío en el que se cae da vértigos.

Los brazos que me sostienen son del terreno ganado

a lo amoroso, tienen el vigor y la ternura necesarios.

De haberse mantenido en píe ya estaríamos bajo la galería,

pero ahora en el lugar hay un bananero.

Estás bien? me preguntan.

Y no es que se esté bien o se esté mal,

pasa que no se puede asimilar a la velocidad de lo imposible

todas las preguntas acerca de lo perdido, lo ganado.

Una frustración que viene desde allá lejos en el tiempo,

y quema

como cuando en las mañanas prendíamos el fuego.

© Patricio Emilio Torne

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2 comentarios:

Blogger Alfredo Lemon ha dicho...

Balance y memoria...
Poemazo!

11 de septiembre de 2026 a las 12:59  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Qué buen poema. Felicidades.

11 de septiembre de 2026 a las 13:34  

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