9/9/26

Poema de Malén De Felice

 


Alguna vez me abrigué con la respiración de una jauría.

 

Hace siete años

le prometí un nombre

prometí nombrarla

por su forma de ladrar

       y hoy

decido subir a buscarla.

Voy con la boca llena de viento

los guantes agujereados

los pies con algunas llagas. Todavía

      me hundo

en la nieve filosa. A veces

necesito que el dolor me recuerde

por dónde seguir. Hay espejos de barro

me muevo sobre raíces de lenga

como hace siete años y

la encuentro hecha un ovillo

la reconozco

tiene los ojos profundos como la turba

la voz rebelde

             el hocico torcido

me encuentra la cachorra del primer viaje

me reconoce.

Tengo un hueco en el lado de la ternura

donde apoya su cabeza.

Nos quedamos quietas

con la piel a la intemperie.

No importa la escarcha

Kiepja no escribe un mapa, pero

tiene la carne

             caliente del hogar.

 

© Malén De Felice

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