Poema de Mauricio Cappiello
Este silencio persistente en otro silencio
detrás viene la noche para indagar el sabio
lenguaje
del tiempo / de la muerte y su secreto
ella, le murmura al otro mí - lo fugaz -
de alguna manera esta enunciación
tiende a situar la distancia que nos une
a veces late sobre un vértice a punto de
inclinarse en sí mismo
para desbordar la memorial orilla, en la
escritura
en otras, es vacilante
pero creo en lo que concierne debajo de mis
párpados
más allá de la pavura / más cerca del
sosiego
debo reconocer la desafiante herida
la filosa
espina que dejó su sombra
es
preciso concluir este poema antes que la luz lo invada y
no
pueda diferenciar lo oculto / la breve envoltura
que nace del sueño y dentro de esa casa
pues el niño / hombre sabe o cree dilucidar
cada imagen
la doliente presencia de lo ausente y
enhebrar desde la frágil línea, la historia
de esos días
en la cual se aloja el niño que fui y en
los ensueños siempre
regresa
- jugando en
la arena -
construye
un pequeño pozo para guarecer en él, su infancia
así, revelar en lo intimo, el supuesto
sitio terrenal
como un declarante en estas líneas rectas
que en sus extremos
tienden a soslayar
como una forma de aliviar las teorías de la
vida
desafiar el
misterio / lo incierto
su existencia sin ella
o quizás sean solo una sumatoria de
imágenes
que habitan la otra memoria
para soltar en la mano el verso
dejarlo ahí
en el sitio donde ubicar a la vida / muerte
y saber de su propia dolencia
ella pronuncia una palabra y otra y otra
ella detrás del muro no oye al pájaro
tampoco a mí, ni siquiera toda la eternidad
del silencio
pero mi madre puede atravesar la piel / hueso
/ sangre
susurrar sobre el voraz abismo
sobre la escarcha que la
cubre
o, hasta en esa inmensa tristeza del final
y ser poema.
© Mauricio Cappiello
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