Poema de Fernando Gabriel Vaschetto
EL PINTOR Y LA SILLA
Retraté la humilde silla que en un rincón de mi atelier
tantas veces cobijara el cansancio de mis huesos,
tal vez fuese de mi abuela o de algo así
pues algo así como mi sangre va con ella.
Di los últimos detalles de su luz: espátula y trapo y
aguarrás
y su viejo maderamen surgió pleno
presencia más viva y más real
que la misma realidad.
Se me antojó feliz sobre el manchado cartoné
que oculta mi fallido autorretrato
(ha de saber un buen artista decidir
sobre la exacta sobriedad de sus modelos)
y puede ser que en un instante me perdí
entre el aroma del óleo y su tacto entre los dedos
al ver su sombra proyectada en los blancos lienzos
que ansiosamente misteriosos
reclaman mi asistencia.
En su asiento levita un gran papel
que envolvía la botella de un buen vino,
ella me invita a descorcharlo y a brindar
ofreciéndose ampulosa al desahogo de mis cuitas,
así como al guerrero en el triunfo o la derrota
los descansos de una mujer y sus dulzuras
lo están esperando…
pero yo, como no tengo mujer, me acostaré con mis musas
y luego
seguiré pintando.
© Fernando Gabriel Vaschetto
Etiquetas: Fernando Gabriel Vaschetto


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