25/2/26

Poema de Rogelio Ramos Signes

  


La esposa de Caín vuelve del mercado 

 

No es que todo cueste más día tras día

(se dice mientras masca un tallo de vid)

es que estoy cansada de hacer mi trabajo

y también el trabajo de los demás.

Soy la dueña y la empleada y el cliente

y el agente de bromatología que me acosa

y soy el carro que me provee

y el animal que tira de ese carro,

soy la que abre, la que limpia y la que cierra,

soy la que vende y también la que compra.

 

En este mundo desierto y tan reciente

en el que mis padres fueron apenas

dos pobres muñequitos de barro,

soy hermana y esposa al mismo tiempo

del mismo varón, un agricultor,

un asesino que mató a nuestro hermano,

soy pecadora e inocente de mis pecados

pero soy el pecado en sí, lo inevitable,

no tengo nombre y todos los nombres son míos,

soy el registro civil donde cada nombre se guarda,

soy la que discute con sus clientes

es decir, conmigo, soy la que discute con sus padres

y también con sus suegros, a la vez,

porque mis padres y mis suegros

son los mismos, los permisivos

que nacieron del barro y se hicieron carne,

pero no vendo carne en mi puesto del mercado

porque mi hermano que era mi cuñado

criaba ovejas y murió bajo el peso de una piedra.

 

Yo soy la que atiende ese puesto en el mercado

porque soy el mercado y también soy el puesto.

Soy la incestuosa madre del pequeño Enoc,

la joven anciana, la que no figura en el libro,

soy la que vuelve cansada del mercado, ya de noche

la que tal vez se quede dormida nuevamente

mirando el fuego y sin probar bocado.

 

© Rogelio Ramos Signes

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