tan amada. Brazos
te recibieron con el miedo
de la primera vez. Brazos débiles brazos
que escaparon ante la mordedura.
Yo aguanté el colmillo la venganza pagué el precio
de un brote sin
la anuencia de la naturaleza
sin el consentimiento de Dios.
Y te amé. Y te
amo.
Le encontré el
verdadero nombre a la vida
encontré el silbido ese silbido que sonaba incomparable
en mi vientre niña de mi vientre sólo mía.
Una cuna sin padre sin antepasado arrugaba
la sabanita blanca cubría el recién segado ombligo
alimentaba el amor con el pezón profano de la
torpeza
Alimentaba el amor alimentaba el amor
y una leche tibia
cubría la existencia.
© María Marta Donnet

Hermoso y conmovedor
ResponderEliminarLeonor Mauvecin
Queridísima María Marta: gracias por tan bello poema.
ResponderEliminarUn abrazo grande,
Alicia Márquez