Mi caro y místico compañero, tu beso
deja una huella primaveral en mis nalgas.
Busco adentrarme en tu soledad acogedora,
Alejandrita, para abrir una herida de insomnio.
Mis dedos huelen a letras, recorren prácticas
de Cábala profunda; mientras el Universo
duerme, fatiguemos nuestra delicia acuosa.
© Marcos David Porrini

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