Si me preguntaran
cuál fue mi primer recuerdo, diría que en la escena
la casa está al fondo y se ve borrosa
como si estuviera hecha de agua.
Estoy sola y en puntas de pie, sobre la gramilla,
quiero llegar al helecho que cede apenas
y abre sus hojas. Bajo toda esa maleza, al fondo
los veo: tres pichones monstruosos
de ojos grises y fauces abiertas, piden ser alimentados
con desesperación.
Quise darles agua, alguna sobra, migas de pan
algo para clamar el hambre.
Pero pensé: morirán atragantados. Entonces supe
que tenían que esperar a la madre, escondidos
esperar su regreso, seguir aullando
en la oscuridad.
© Flor Defelippe

Hermoso y original Flor, gracias, Irene.
ResponderEliminarUyy, poderoso. Y resuena: "Seguir aullando en la oscuridad".
ResponderEliminarFelicitaciones
Cristian Jesús Gentile