30/12/22

Poema de Claudia Ferradas

 


 

XVII.  La estrella

 

La luz me ha conducido hasta el arroyo.

Aquí no hay carro, templos ni palacios.

Sin transporte ni abrigo,

en el seno nutricio de la naturaleza

me reconozco plena.

 

Ya no me quedan máscaras,

ropajes, distracciones, compañía:

tan solo los dos cántaros alquímicos

que supe recibir

del ángel generoso que me otorgó templanza.

En el sosiego, soy ondina, soy náyade.

 

Agua a las aguas

para que fluya la energía del mundo.

Agua a la tierra

para que se renueve el ciclo primigenio.

 

Bajo el mandala de luz que me ha guiado,

los cabellos de la Venus Urania

acarician mis hombros.

Las Pléyades

despliegan octogramas de orden ineludible.

Ungida con el halo del lucero,

ya nada me hace falta.

En las ramas perennes de los árboles

oigo al cuervo de Elías prometer abundancia.

 

La soledad carcome,

pero acepto la pausa y el reposo.

El centro de mi vientre

acuna el germen de la transmutación.

 

Caminante, no dudes:

la estrella de tu alma te mostrará el destino.

Despojado, vulnerable y desnudo,

encontrarás la senda que trazó el sufrimiento.

 

© Claudia Ferradas

Imagen enviada por la autora

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