3/3/20

Poema de Gisela Galimi


En mi panza se ovilla un perro negro
ambos tenemos los ojos cerrados.
Él la luna, yo tu mano.
Él le aúlla, yo la suelto.

Comienzo a parir galgos azules
son hijos de la noche y ese perro
pero a medida que salen de mi vientre
comprendo que hice mal
la cuenta última.
Son verdes, veo ¡Son Verdes!
Hijos naturales de mi estirpe,
todos tienen mi cara
sin mácula de hombre
veo mejor:
son todas perras
aullando a la luna del día.
Perras vegetales
sin lazos que las aten a tus manos
ni a las otras manos que me sueltan.
Perras paridas sin correas
naciéndose a la noche
por error de número primo.
Hembras pequeñitas
que corren por la casa,
persiguiéndole la cola a la suerte.

Cuando terminen de nacer
voy a entrenarlas
para que se amen,
mi herencia visceral:
la refinada forma de fe
que define a mi raza.

© Gisela Galimi

3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Tan intenso y Bello!
Flora levi

4 de marzo de 2020, 15:20  
Anonymous Carmen Barrionuevo ha dicho...

Hermoso!

6 de marzo de 2020, 22:43  
Anonymous Anónimo ha dicho...

ohhhh desde la boca del estómago, parir maravilloso. marta comelli

30 de marzo de 2020, 19:00  

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