10/3/18

Poema de Jorge Moreno de los Santos



Trabajé duro esta madrugada
levantando ladrillo a ladrillo
la casa de mi vida
                                                                                                                         
R. Derlis.


Y los dos sabíamos
que todo amanecer
condiciona su inermidad.
Que el sigilo de la sangre
pregona inútiles profanaciones.
O que el sol
es un metal frío, inerte,
que cae de bruces
sobre las dunas mediterráneas de los días.

Exhalan los tranvías
sus húmedas predimetaciones
que huyen por las altas azoteas
con premura de enredadera.

Y existe un vértigo de ángeles
en el aire viciado,
un porvenir de enjambre
en los descuidos del pensamiento,
y un saqueo inexplicable
en esos callejones
donde orina la niebla
y se desciñe el alba
de sus clámides profanas. 

Porque los dos sabíamos
que en la abisal espesura del pánico
habitan peces rojos
que estallan en el cráneo.

Y que es mejor combatir el miedo
con fáciles somníferos:
hasta que la mañana nos sorprenda,
entrelazados, en sinuosa nervadura,
como las raíces invisibles de la tierra.


© Jorge Moreno de los Santos

2 comentarios:

Blogger Mónica Angelino ha dicho...

profundo tu poema, Jorge. Hay tres versos que me gustaron mucho:

"que en la abisal espesura del pánico
habitan peces rojos
que estallan en el cráneo"

Besosssss

14 de marzo de 2018, 13:54  
Anonymous Anónimo ha dicho...


Jorge, para esta percepción del mundo el único escudo es el amoroso abrazo y no pensar en nada. Un poema que nos hace pensar. Un abrazo.

Carmen Amato

16 de marzo de 2018, 13:20  

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