Como ese día que íbamos por la ruta tres y
te dije, sonriendo, que no tuvieras miedo. Que cualquier cosita, pusieras
balizas y llevaras el auto hacia la banquina. Ahora tu recuerdo es esa flor
amarilla que crece al costado del camino.
© Jorge Curinao
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Qué bonito poema, Jorge! Tan delicado, tan tierno.
ResponderEliminarGracias!
Silvia Rodríguez Ares