Poema de Eugenia Cabral
En el sueño, caía de bruces
ante los umbrales del Paraíso.
La luz caía sobre las escalinatas
como un naranjal podrido.
Ese era el color: de naranjas marrones y agrias.
Y los ángeles se habían vuelto cínicos.
Soy mejor que ustedes, les dije a los ángeles;
no vine aquí por comer helados
ni hacerme con la verdad:
llegué hasta el Paraíso buscando a mis hermanos.
De haber intuido que aquí también
me hallaría sola,
habría telefoneado al taxi el domingo, por la tarde,
y lo hubiese esperado paladeando
un cuarteto de Beethoven.
© Eugenia Cabral
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