Poema de Rafael Felipe Oteriño
EOLO
“Señor de los vientos", así le llaman
a una divinidad cuyo rasgo notable
son sus labios: en cañón.
La iconografía lo muestra suspendido entre nubes,
con aire de rubicundo mal genio.
Encerró, para Odiseo, todos los vientos,
excepto el único
que lo devolvería a Itaca.
Y el sueño lo perdió: volaron todos fuera del odre,
y desde entonces "Eolo" anuncia,
antes que el viento, la tempestad.
Lo hallé, de arcilla roja,
en manos de un alfarero ventrudo y socarrón,
al borde de un camino siciliano.
Ahora sopla, en el patio de casa,
con largos silencios tomados de las estrellas.
No sé si para partir o para llegar,
si del Norte o del embozado Sur,
que con manazas impide llegar al puerto.
¡Sopla, amigo!
Entre las camisas recién lavadas
y el rayo de sol que las anima, sopla
hasta que llegue
el único que espero.
© Rafael Felipe Oteriño
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