Te veo venir:
la mirada baja
la bufanda blanca
y tu bolsa con la radio
la novelita los remedios,
solo que ahora
entrás en silencio
sin quejas ni reproches,
no hay té a media mañana
ni historias de amigas viejas
con amores jóvenes.
Me gustaría
acomodar tu saco en la silla,
pasar la mano
por lo áspero de la lana,
sentir el olor
de las tostadas quemadas
darte los ruleros
uno a uno mientras me decís
que no hace falta
que vos podés.
Me gustaría decirte
qué bien puedo verte ahora.
© Silvia Cacchione
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Qué bien evocada la imagen de esa persona
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