Se tropieza mi mano
con el primer secreto
de tu espalda.
La otra, más arriba,
se ofrece como cuenco.
Vos aceptás el reto:
de llevarte y ser llevada,
de bailar con la mirada,
de encender el juego juntos
y de arder pecho con pecho.
Camino hacia vos,
y vos te marchás.
Aunque no.
Te busco adelante;
hacia atrás vos vas.
Entre los dos la cadencia,
y al compás de nuestros fueyes,
el suelo se vuelve ruego.
Mientras tu pierna desnuda
se entrelaza con la mía
se oye que un bandoneón respira,
justo al filo de un abismo,
y en un descuido del tempo
una nota perdió el pulso.
La pausa se hizo silencio
que sólo cortó un jadeo,
se oyó crujir hasta el cuero;
después… el rozar de unas suelas
volvió a
marcar nuestro paso.
Y en lo que dura un acorde,
tu aliento sobre mi aliento,
tu frente sobre mi pecho.
Inmóviles en la pista...
en el centro mismo del fuego.
“BAILARINES”
© Leandro Murciego

Muchas gracias, Mispoetascontemporáneos por seguir agitando la poesía y a les poetas. Gracias, Gustavo Tisocco, por tu amorosa resistencia y acompañamiento poético.
ResponderEliminarInmensa tu voz siempre Leandro.
ResponderEliminarBellísimo poema. Saludos desde Chivilcoy
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