No se aprecia del cuchillo
el silencio con el que
sabe esperar bajo el poncho.
La astucia de su aguijón.
Bajo el árbol canta,
insecto caído
en desgracia
que gastó su movimiento
con rabia,
con inocencia.
La puñalada,
sin retorno.
Después, la nada de la tierra.
Un poco de sangre,
inevitable,
y la certeza
de la herida
que sigue aferrada al filo.
© María Negro
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario