Rapto
mira (en la ciudad) lo que no hay:
lapachos de amarillo
cañaverales
si olvidara completamente
ya no tendría
certezas
del vacío
pero siempre
alguna señal, por ejemplo
el ruido -ése- de la motocicleta
que produce una torsión
que se empecina como una creencia
y es (casi) imposible detenerse
ante la belleza del cromado
o arrimarse al azar
por si ardiera la resina
y presumieran diseños de neon.
© Susana Szwarc

Hay una sensibilidad muy fina en esta mirada: lo cotidiano se vuelve revelación. Un poema muy logrado. Felicitaciones. Dolores Pombo
ResponderEliminarBello como siempre y abierto con lugar para pensar. Saludos
ResponderEliminarMuy bueno.Felicitaciones!!! Patricia Graziadei
ResponderEliminarPrecioso, incisivo. Fabiana León
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