el ciervo levantó su cabeza
escuchó un temblor en los árboles
una risa de las hojas
pájaros despavoridos
la luz se alejaba como siempre
pero no era la misma luz
él llevaba en su pelaje y en sus patas
al viento y a la luna
saltó con ellos
la bala no tocó su cuerpo
pero hirió de muerte
el salto
© Dolores Etchecopar

hermosa escena poética
ResponderEliminarDolores, feliz reencuentro. Es un poema impalpable, el horror se esfuma mientras saltamos por él. Isabel Llorca Bosco.
ResponderEliminarUn instante de caza, un temblor. Gracias y abrazo. Inés Legarreta
ResponderEliminarExcelente poema Dolores! Delicada crudeza, instante único! Felicitaciones María Paula Mones Ruiz
ResponderEliminarHermoso. Psuli
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