En el horizonte
un
temblor,
rotos los peñascos
la nube se acopla
a una cripta de verdes helechos, de hiedras
claras.
Las crines se enraízan en los dedos
en los nudillos
brilla el pelaje blanco.
La belleza es el nombre de la desnudez,
y el olvido de la nocturnidad perdida.
Entre ramas bajas y lanzas oscuras
más luminosa que el sosiego, está
a cada paso más escurridiza.
En su boca
el subyugado fruto
es carozo de la risa.
© Mariel Monente
Pintura extraída del Libro de Mariel

Precioso Mariel. Gran abrazo!
ResponderEliminarStella Maris Soria
Bellídimo poema Mariel!
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