Morfeo eligió a su preferida
y ella partió hacia su morada
secundada por duendes y hechiceras.
Ese domingo veinte
seis menos cuarto de la tarde
su extraviado cuerpo vistió hilos dorados.
Un trueno desnudó su voz.
Su nombre se expandió en porciones de
silencio.
© Blanca Correa

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