La bocina de los autos
desde la escarpada pupila
de la lluvia
profana la mañana
y orilla con cautela
las sienes del otoño.
Y pienso en la mujer que se moja
cruzando la calle
humedecida, fría, sola
rota de tristezas
sin paraguas, sin alma
indiferente.
Un imperceptible soplo
nos cruza la mirada
ambas lluviosas
nubladas, solas
las dos, palomas.
© Marta Elena Guzmán

Bello Marta. Gracias. Irene
ResponderEliminarBello Marta...
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