¿Tienes las rodillas laceradas y ardidas de tantos altares
visitados? No será más que la repetida
sensación de agonía y del desespero tuyo de cada día. Ponte a la sombra de la
higuera de tu casa natal, Mójate en el piletón bajo la parra y apresúrate a
salir corriendo hacia la esquina para jugar otro picado.
© Sebastián Jorgi
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