Te escribí desde un lugar
de carencia,
pero te hablé como una adulta
incluso intenté que mi voz
sonara despreocupada,
como una hoja que se desprende
de su árbol madre
e inicia el solitario
camino del viento.
La intensidad acá en el pecho
me dice que nuevamente
perdí,
pero sigo sosteniendo
la única que pierde acá
soy yo.
Te suelto y es como decir
debo soltar al fantasma
que mordió mi almohada,
insomne y perene
se robó el sueño.
Hubiera preferido que fuera amor,
pero nunca se trata de amor,
sino de ubicar la carencia
en el corazón indicado
y dejar que muela sus frutos
con los dientes apretados.
Hubiera preferido soltar a una persona,
y no a mí misma.
Pero qué estoy diciendo.
Te escribo un poema
que podría tener muchos nombres,
la soledad es múltiple,
pero la respuesta
-ese muro tan conocido-
es siempre la misma.
Pero qué te estoy diciendo,
si acá la que habla es la otra,
y esa nunca se enamora,
sólo va construyendo pérdidas
que adopta como refugios
para hacerse a la idea
de por qué la soledad
resulta tan atractiva.
© Lucía Franchi

Escribir desde las carencias nos vuelve fuertes y de una sola pieza. Hermoso poema.
ResponderEliminarDiana A. Espinal. México.
debo soltar un fantasma/ que mordió mi almohada... excelente imagen Lucía!! Muy poderoso poema!!
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