Se escribe para dejar de escribir,
vamos tirando piedras al agua
hasta deshacernos de la playa,
recorremos la tierra
hacia un descanso de cielo,
atravesamos el sueño buscando el sueño.
El pájaro, mientras pone el huevo, no se deja ver.
Al escribir, sí, algo se arrasa,
en el acto de barrer las raíces
también se reparten las semillas.
El viento no puede callar su silencio,
la salida dirige hacia la entrada
y lo que brilla al fondo
es el principio.
© Francisco Rapalo
Muy bueno Francisco.
ResponderEliminarSaludo desde Córdoba
Una ars poética certera y bellamente desplegada en el poema. Gracias Fran y Gus
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