Llueve.
Llueve. Llueve.
Llueve.
Llueve. Llueve.
Llueve.
Llueve. Llueve.
El adagio de Albinoni provoca llorar
de otra melancolía
-análoga, pero tosca -.
Desconcentrada angustia de cejas muy depiladas.
Pero llueve, llueve.
Pero llueve sobre el cráneo
de esta mujer que escribe
y no le importa cómo escribe.
Ella hubiera deseado ser sutil y formalista,
no arrancar en esos tonos a lo Almafuerte;
pero vuelve,
enfrenta sombras ominosas y gruñidos
de electrodomésticos anticuados
que la sobresaltan.
¡Y los gatos hacen mucho ruido
sobre el techo de zinc!
© Eugenia Cabral

Genial manejo del lenguaje Eugenia
ResponderEliminarAbrazo grande
ME ENCANTÓ, EUGENIA! un placer leerte.
ResponderEliminarClaudia
Con la melancolîa de la lluvia. Palabras repetidas como gotas de lluvia. Pauli
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