A mamá se le incendiaba el pelo
y la abuela llegó corriendo
con un vaso de agua.
Como animales
que se escapan de la inundación
nos hicimos un hueco en el árbol.
Yo ya sabía leer
entre líneas
esta infancia es el camino
no somos un error,
pero no pude entender
el peso que cargaba mi abuela en las manos
y el olor a cortinas quemadas
era
lo último:
las cenizas decorando
todo.
© Antonella Vulcano

Muy bueno Anto
ResponderEliminarBravo
Gracias poeta. Movilizador y necesario
ResponderEliminarQue poema original
ResponderEliminarGladys Cepeda