Cuando las palabras nos dejaron solas
pudimos huir expulsadas del olimpo
hundiendo en la tierra nuestros cuerpos de mica y algodón
qué dioses controlaron
alguien celebró esa comunión qué importaba
a quién le importaba la sangre
el desamor nos había acunado
por eso fuimos cuerpos sagrados consagrados
el cielo bendijo la inocencia entregada a los vientos de la
pampa
nuestros cuerpitos quebradizos
flamearon buscando un hueco para guardar esta historia.
© Ernestina Elorriaga
Ay Tina♥️ esas imágenes
ResponderEliminarHermoso poema. Abrazos Tina
ResponderEliminarLeonor Mauvecin
Abrazo fuerte, querida Tina. Gracias por la poesía. Tani Mellado, desde en sur.
ResponderEliminarHermoso poema Ernestina! Gracias
ResponderEliminar❤️
EliminarBello!
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