El ropero
Chilla la madera y da un mordisco.
Dice que ya no va más
este juego de abrir y cerrar la puerta.
Que el reloj del abuelo
ya no está
y que la puerta cae
y nadie se hace cargo.
Dice que el peso del espejo la venció
que ahí quedaron los rastros.
Quedó incrustada la historia.
Ahí
A veces aparecen,
desaparecen,
los rostros conocidos y desconocidos
descoloridos.
Imágenes que deambulan
sin margen.
Siente que la llave ya no encaja
que está vencida, dolida.
Y que la puerta otra vez
no abre.
© Blanca Correa
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