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26/7/17

Poema de Hugo Francisco Rivella



Mis vestiduras sangran desgarradas al viento desgarradas,
como palomas crueles, como nubes de plomo,
el círculo de espadas revienta mis omóplatos y vuela,
se asoma a las uñas del ateo,
a la risa del ajo y el muérdago reseco.

Mi Madre reza un no sé qué en voz baja
y el ladrón al costado saliva mis espinas,
escupe lo que pienso de dios y la palabra,
la demencia,
las doncellas que fraguan laberintos en donde el peregrino arrodilla sus huellas.

Padre,
siento que voy cavando poco a poco tu olvido.


© Francisco Hugo Rivella

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