Una
vez vi un ciego cruzando
la avenida más rápida.
Quise gritar y las palabras eran
barro en mi boca.
No pude habar hasta que
un hombre lo llevó hasta el cordón.
Es devastador quedarse
con palabras como rocas
en todas las esquinas del cuerpo.
© Patricia Coto
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Muy buen poemas
ResponderEliminarRl último verso muy logrado
Abrazo
Ana Romano,
Qué potente este poema. Bravo
ResponderEliminarLa perfección de un poema breve. Bea Belfiore
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