Pasa una mariposa
por mi ojo de malibú,
plumerillos de diente de león y
libélulas junto a la síncopa
de algún pájaro.
Pero aquí y ahora
soy Eurídice,
ancla en miradas
cuando aguardaba al infiel
que se volvió sobre su
propio deseo,
écfrasis
de ese afuera que me anula.
Entonces, como no puedo sino seguirlos:
cantos, epitalamios, sigilos,
celebren así su goce
de no inscribirse nunca
sin importar mis regocijos.
© Griselda Riottini

Candoroso, poético y para releer. Gracias y felicitaciones Griselda.
ResponderEliminarCristian Jesús Gentile
Gracias, Cristian!
ResponderEliminarMusical y bello. Graciela Barbero
ResponderEliminar