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8/5/26

Poema de Samuel Amaya

  


Papá lloró azúcar toda su vida

y quizás me costó entender cómo

hacía para endulzar su corazón

después de que las cañas lastimaran

sus manos o el frío del machete

atravesara sus piernas en el cañaveral.

Quizás por eso también no alcanzó

a abrazarme cuando mi cuerpo

rebalsaba en las manos de algún chango

o cuando le mostré el nicho en mi pecho

donde una virgencita gritaba mi nombre.

Ahora recojo los granitos dulces

que salen de sus ojos

y veré en ellos a ese changuito

que el ingenio lo parió.

 

© Samuel Amaya

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