Y entonces la veo:
entre las flores blancas,
su risa.
Traeme esas tazas,
me dice, y no sé cuáles
pero solo pienso
en complacerla,
llevar hasta sus manos
lo que sea que me pida,
sí, mamita, ya voy,
y es cierto porque allá voy.
Escucho
una sirena, un estruendo,
tal vez es el mundo
que ahora mismo
se cae a pedazos,
pero yo tengo
algo importante que hacer:
llevar a mamá las tazas
donde quiera que esté.
© Silvia Cachione

Bellísimo poema!
ResponderEliminarQué maravilla este poema. Me encantó!
ResponderEliminarMuy buen poema Silvia.
ResponderEliminarSaludo desde Córdoba
Muy buen poema Silvia
ResponderEliminarAna Romano.
Bellísimo Silvia!! Tan hermoso!!
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