Nunca voy a sentarme a la diestra de Dios.
Eso lo dejo para los rectos,
para los que jamás van por la sombra...
Para los que no cortan palabras
ni acercan a los bordes.
Yo, argentino,
pero de los buenos.
Reniego de los uniformes
y de los uniformados.
No llamo a los cuarteles
ni aunque sean de bomberos.
Levanto las banderas,
que otros dejan en el suelo.
Camino. Grito. Canto.
Y descreo de los cuentos,
del relato, de la herencia,
del pajar y de la aguja,
del pastorcito mentiroso
que se hace el niño bueno.
Yo, argentino,
pero de los buenos.
Soy de los que se ve
en los otros,
el hombre que nunca
intentará ser el nuevo.
Soy yo, y mis culpas,
todos mis votos
y hasta el menor de mis hábitos.
Me hago cargo de todos,
hasta de mis amigos.
Ellos son los que se ubican,
siempre, a la siniestra;
los que escriben con la zurda;
los que tienen más desarrollado
el hemisferio derecho
y, por sobre todas las cosas,
los que jamás tendrán al Norte
como destino.
“YO,
ARGENTINO”
© Leandro Murciego

Contundentes versos, bien sostenidos por la estructura general y el leiv-motiv emparentado con el famoso verso de Carlos Guido y Spano aprovechado con hábil destreza! Va todo muy bien, Leandro!
ResponderEliminarMuy bueno Leandro!
ResponderEliminarMuy bueno. Fabiana León
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