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12/1/26

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 

El Otro

 

Tengo flores artificiales

de distintos colores,

haciendo nido en mis muñecas.

 

Juego a que me atan en un movimiento,

me desatan en otro movimiento.

 

Camino descalza, corro,

giro, bailo en lugares

tradicionalmente prohibidos.

 

Ya hice enojar a alguna que otra

señora del siglo pasado.

No me arrepiento.

Por adentro me río.

 

¿Acaso no es lindo esto?

Recordar que uno también tiene

un cuerpo.

Recordar que en él

placer, alegría y espíritu

son compatibles.

 

Juego con las flores de colores,

las hago volar,

les doy vida desafiando la lógica.

Ejecuto un milagro.

 

Alguien de mi red me habla de

amor, cuidado, respeto;

metaforea con plantas, riego, tierra,

dar un espacio libre

para que nuestros afectos

crezcan sin miedo.

 

Yo ya fui semilla que no brotaba,

ya fui brotecito verde,

ya fui hojas y tallo,

ya fui flor,

florecita

de muchos colores,

de muchas emociones.

 

Borro algunos límites.

¿Solo para nuestros afectos?

¿Y los demás?

 

¿Qué sucede con la señora

que te saca de un pensamiento

oscuro en la parada del cole

para hablarte del clima?

 

¿Qué sucede con el colectivero

que tranquilamente podría haberse

marchado, pero como ya me ubica

me espera a que cruce la avenida

para retornar a casa?

 

No sé, darling,

no sé.

 

Recuerdo escuelas a las

que pisé una vez

y no olvido.

 

Recuerdo algún silencio

cómplice mientras oía

un poema leído

con pasión

de alguien

que mí memoria oculta.

 

Las flores se hicieron enredadera

y se extienden por ahí;

no sé bien hasta dónde.

 

A veces unos pétalos vuelan

cerquita,

otros a unas cuadras,

otros a varios kilómetros.

 

Las enredaderas se prenden en cualquier

lugar donde haya polvo,

agua, viento.

 

El ágape

se extiende por todo el cuerpo.

 

¿Quién soy yo?

¿Quién sos vos?

¿Quién es el otro?

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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