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28/2/19

Poema de Daniel Arias



Dijeron agua y ella trajo el mar,
un mar sin tregua
con una isla cálida de arenas blancas.

Alguien insinuó aire y ella abrió el cielo
con una mirada de aliento infinito,
con las manos trazó el mar y el viento
y un ala de gaviota.

Nombramos tierra y ella dejó caer
la neblina de la distancia
los caminos provisorios y los opuestos.

Luego dijimos fuego y ella rodeó con cintas
un ocaso que no termina de caer,
tierra y fuego, un dolor en la medida.

Después nombramos pan y ella brilló al sol,
con una lengua extranjera nos enseñó el sosiego,
arrojamos tiempo y sol,
y nos cubrió los pies con su propio vestido.

Al despertar,
nos encontramos perdidos arrastrando la palabra,
en medio de la noche y entre hojas amarillas,
piedad, piedad….

© Daniel Arias

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